El IMC ya no alcanza: por qué la cintura puede revelar un riesgo cardíaco oculto

Un estudio publicado en JACC, que siguió a más de 260.000 personas durante dos décadas, encontró que la distribución de la grasa corporal puede anticipar problemas cardiovasculares que el peso y la altura no siempre detectan.
Actualidad12/08/2026Studio 341 NewsStudio 341 News

Durante años, el índice de masa corporal (IMC) fue una de las principales referencias para determinar si una persona tenía un peso normal, sobrepeso u obesidad. Pero una investigación publicada en JACC, la revista del Colegio Estadounidense de Cardiología, advierte que mirar solamente el peso y la altura podría dejar afuera una parte importante del riesgo cardiovascular.

El trabajo analizó a más de 260.000 personas durante un promedio de 20 años y encontró que la circunferencia de cintura (CC) y la relación cintura-cadera (RCC) pueden aportar información adicional sobre la salud cardíaca.

Uno de los datos más llamativos apareció entre quienes tenían un IMC considerado normal: el 5% presentaba una circunferencia de cintura elevada y el 18% una relación cintura-cadera alta. Entre las personas con sobrepeso, esos porcentajes ascendían al 39% y 40%, respectivamente.

Según los investigadores, quienes tenían peso normal o sobrepeso pero acumulaban mayor cantidad de grasa en la zona abdominal presentaban entre un 15% y un 50% más de riesgo de sufrir distintos eventos cardiovasculares, como infarto, accidente cerebrovascular, insuficiencia cardíaca, fibrilación auricular y muerte por causas cardiovasculares.

La explicación estaría en la grasa visceral, aquella que se acumula alrededor de los órganos abdominales y se vincula con enfermedades cardiovasculares y diabetes.

“Observamos individuos con peso clínicamente normal que presentaban una elevada adiposidad central”, explicó Michael J. Blaha, autor principal del estudio.

Los especialistas aclaran que el IMC no debería descartarse, sino dejar de utilizarse como indicador aislado. Alimentación, actividad física, genética y factores metabólicos también influyen. La conclusión es clara: la balanza cuenta una parte de la historia, pero la cintura también puede decir mucho sobre el corazón.

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