La Frontera sin ley: cuando el médano se vuelve una trampa mortal

Picadas, vehículos de alta potencia y ausencia de controles convierten cada verano a los médanos del norte bonaerense en un escenario de riesgo extremo. El último siniestro, con un niño en estado crítico, volvió a exponer una convivencia peligrosa que el Estado tolera y la sociedad naturaliza.
Actualidad28/01/2026Studio 341 NewsStudio 341 News
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Como una postal que se repite año tras año, la costa argentina vuelve a combinar rabas, tejo y sol con una escena menos pintoresca y mucho más inquietante: la circulación descontrolada de vehículos de alta potencia entre familias y turistas en los médanos del norte. Bajo la idea de una “libertad total”, se instala en la práctica un vacío de control que tiene consecuencias previsibles y, muchas veces, trágicas.

El reciente siniestro vial que involucró a una camioneta de gran porte y un vehículo recreativo, y que dejó a un niño en estado crítico, no es un hecho aislado ni una fatalidad. Es el síntoma de una problemática estructural que reaparece cada verano, alimentada por la creencia de que durante las vacaciones las normas se relajan y ciertos territorios se convierten en zonas liberadas.

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La Frontera es, desde hace tiempo, un secreto a voces. Picadas improvisadas, maniobras temerarias y competencias informales para “coronar” la duna más alta forman parte de un ritual peligroso. Cuatriciclos, UTV y camionetas 4x4 circulan a alta velocidad, muchas veces ante la mirada de espectadores ubicados a pocos metros. Todo ocurre a plena luz del día, pese a que estas prácticas están expresamente prohibidas por la Ley Nacional de Tránsito.

A la falta de controles se suma una preocupante tolerancia social. Menores al volante, adultos sin casco y conductas de alto riesgo dejaron de generar sorpresa. El peligro se normaliza y se transforma en espectáculo, sin dimensionar que un vehículo de cientos de kilos desplazándose sobre arena es una amenaza latente para cualquiera.

Frente a este escenario, la respuesta estatal suele limitarse a multas que funcionan más como recaudación que como prevención. Sin presencia sostenida en el lugar crítico, el control se diluye y el siniestro se vuelve cuestión de tiempo.

No son accidentes: son hechos evitables. La verdadera libertad en la playa no es acelerar sin límites, sino garantizar que el descanso no termine en tragedia. Mientras eso no se entienda, la crónica de verano seguirá siendo la misma.

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